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Economia

¿Por qué la inflación baja pero el supermercado sigue caro?

Una mirada a los datos del Banco Central sobre el nivel de precios y el poder adquisitivo en República Dominicana.

Por: Alan Mercedes

DIARIO ULTRAMAR, SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Cada vez que el Banco Central de la República Dominicana publica su informe mensual de política monetaria anunciando que la inflación interanual se encuentra dentro del rango meta (4.0% ± 1.0%), la reacción en redes sociales y en las conversaciones cotidianas es casi general: incredulidad e indignación.

El reclamo común es evidente: “¿De qué baja están hablando si el arroz, el pollo, el aceite y los plátanos no han bajado de precio?”.

De un lado, las autoridades defienden la solidez técnica de sus cifras. Del otro, los hogares sienten que el dinero rinde cada vez menos. ¿Quién tiene la razón? Para responderlo, hay que recurrir a los datos y a un par de conceptos básicos de la teoría económica.

(Aprovecho estas líneas para inaugurar formalmente este espacio. Como estudiante de economía, abro este boletín con un objetivo puntual: utilizar herramientas analíticas, series estadísticas oficiales y marcos conceptuales rigurosos para desglosar la realidad económica dominicana y global, alejándome de las opiniones sin sustento).

La confusión fundamental: Tasa de inflación vs. Nivel de precios

El principal cortocircuito entre el discurso técnico y la percepción de bolsillo nace de una confusión aritmética elemental: desaceleración de la inflación no es lo mismo que deflación.

La inflación mide el ritmo al que varían los precios a lo largo del tiempo, no el costo absoluto de las cosas.

En economía ocurre lo siguiente:

  • Pero los precios siguen subiendo, solo que a un ritmo más lento, y lo hacen sobre el nivel históricamente alto que ya alcanzaron.
  • Que hoy la inflación interanual ronde el 5.13% significa que el ritmo de incremento se normalizó.
  • Pero los precios siguen subiendo, solo que a un ritmo más lento, y lo hacen sobre el nivel históricamente alto que ya alcanzaron.

Para que el supermercado “vuelva a costar lo de antes”, la inflación tendría que ser negativa (deflación), un fenómeno poco común que suele asociarse a severas contracciones de la actividad económica y desempleo, no a prosperidad.

La asimetría del gasto: Los alimentos pesan más

El Índice de Precios al Consumidor (IPC) es un promedio ponderado de cientos de bienes y servicios. Cuando el indicador general se modera, suele estar influenciado por componentes que se estabilizan rápido o caen puntualmente (combustibles, comunicaciones o pasajes aéreos).

Sin embargo, el grupo Alimentos y bebidas no alcohólicas que representa la mayor parte del presupuesto de las familias de menores ingresos suele mostrar una persistencia mucho mayor en sus niveles de precios. Si lo que más compras a diario conserva su nivel elevado, la sensación de alivio macroeconómico es prácticamente imperceptible en el presupuesto familiar.

El verdadero nudo gordiano: El rezago del salario real

La frustración de la gente no se debe únicamente a que los precios se quedaron arriba, sino a lo que ocurrió con los ingresos. En economía distinguimos con claridad entre:

  • Salario nominal (W): La cantidad exacta de pesos que recibes en tu cuenta bancaria.
  • Salario real (W/P): La cantidad efectiva de bienes y servicios que puedes comprar con ese dinero, ajustado por el nivel general de precios (P).

Los precios en los comercios reaccionan de manera casi inmediata a choques externos y costos de producción. Los salarios, en cambio, sufren de lo que los economistas denominamos rigidez nominal a la baja y ajustes rezagados.

El salario mínimo en el sector privado formal se revisa periódicamente ante el Comité Nacional de Salarios, lo que genera saltos escalonados que tardan meses en recuperar el terreno cedido frente a la inflación previa.

El problema se profundiza cuando miramos la estructura del mercado laboral dominicano: más del 50% de los ocupados trabaja en la informalidad. En ese segmento no existen indexaciones por decreto ni revisiones institucionales periódicas. Para el trabajador por cuenta propia o informal, absorber un salto en el nivel de precios implica una pérdida directa de bienestar que solo se compensa trabajando más horas o recortando consumos básicos.

Los datos no mienten, pero hay que saber leerlos

El Banco Central no falsifica sus cálculos: la política monetaria restrictiva cumplió técnicamente con anclar las expectativas y frenar la velocidad de la subida.

No obstante, la queja ciudadana descansa sobre un fundamento económico innegable: la meseta de precios se consolidó, mientras que la recuperación del poder adquisitivo marcha a un ritmo mucho más lento.

Entender esta brecha es indispensable para analizar cualquier propuesta económica o política pública en el país. El reto hacia adelante no es esperar que los precios caigan mágicamente al nivel de 2019, sino discutir las reformas estructurales de productividad que permitan que los salarios reales crezcan de forma sostenible y no solo por decreto.

¿Has sentido en tu presupuesto personal una recuperación del poder de compra en los últimos meses, o el costo de la canasta básica sigue limitando tu capacidad de ahorro?

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